Antes de hablar de las joyas típicas mexicanas hay que destacar su magnífico origen en el México prehispánico, en donde Mayas y Aztecas se distinguieron por ser una civilización que le dió mucha importancia al uso de la joyería en forma de piezas decorativas y también como parte de sus rituales ancestrales.

El trabajo artesanal de piezas en oro, plata, piedras preciosas y semipreciosas que realizaron los artesanos de la época precolombina pueden ser apreciadas en los museos más importantes del mundo. Estas piezas de exquisita elaboración, tomando en cuenta su antigüedad, son una muestra de las habilidades artísticas de los ancestros mexicanos.

En el Museo de Antropología de México no sólo se pueden admirar los restos de joyas arquitectónicas, calendarios, esculturas y piezas realizadas en oro y plata, también puede observarse el uso que le deban a las piedras preciosas y semipreciosas como el Jade, el Ónix y la Obsidiana.

Esta riqueza deslumbró por completo a los españoles, el hallazgo de minas de oro y plata en sus expediciones por la geografía mexicana y el descubrimiento de piedras autóctonas de la región interesó a comerciantes del viejo continente. Barcos repletos de piezas de orfebrería, elementos de uso cotidiano e imágenes religiosas llegaron a todas partes de Europa.

Joyería de filigrana

La tradición de la cultura indígena oaxaqueña se destaca desde la época precolombina por su trabajo de joyería y orfebrería. En Oaxaca se realizan desde hace siglos joyas de filigrana, un fino y delicado trabajo con hilos de oro y plata. Estos hilos se manipulan de forma tal que parecen obras de fino encaje. Estas piezas de joyería son exquisitas y su elaboración se remonta a la cultura Mixteca (Mayas y Aztecas).

En las joyas de filigrana se pueden apreciar diseños inspirados en la naturaleza como hojas y flores, además de espirales, perlas y piedras. Estos elementos y el trabajo completamente artesanal convierte a estas piezas en verdaderas obras de arte.